Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Fatiga de materiales

28/11/2023

Arnaldo Otegi, el coordinador general de EH Bildu ha decidido dar un paso al lado y no será candidato a lehendakari en las próximas elecciones vascas que se han de celebrar antes del verano, aunque seguirá al frente del partido. Su decisión personal contrasta con la orden de la dirección del PNV para que el actual lehendakari, Íñigo Urkullu, no se presente a unas nuevas elecciones tras ser la cabeza visible del gobierno vasco durante los últimos doce años. Ambos partidos emprenden un relevo generacional que se suma al que ya han ejecutado el PSE con la transferencia de liderazgo a Eneko Andueza, en sustitución de Idoia Mendia, y el de Javier de Andrés al frente del PP, en recambio del incombustible Carlos Iturgaiz. Además, habrá caras nuevas en Sumar Mugimendua, la marca de Yolanda Díaz en el País Vasco, y en la sopa de letras que integra el espectro de la izquierda en el País Vasco, son un acuerdo dificilísimo de alcanzar. 

Los cambios en todos los partidos se deben sin duda a una fatiga de materiales que se ha ido agudizando a lo largo de los últimos años. EH Bildu está más cerca que nunca del sorpasso al PNV, pero Otegi lleva a cuestas una mochila muy pesada. Iñigo Urkullu lleva tres legislaturas al frente del gobierno vasco, y pese a que tiene un nivel de conocimiento, popularidad y aceptación envidiable, la dirigencia de un partido encabezada por Andoni Ortuzar considera que es necesario dar nuevos bríos a un mandato que se ha caracterizado por la moderación y la solvencia, pero también por el deterioro de los servicios públicos esenciales en los últimos años, la sanidad, la educación y por la proliferación de huelgas. Para apuntalar su vitola nacionalista propuso la celebración de una «convención constitucional» para abordar el debate sobre la España purinacional, aprovechando los vientos que corren en la política nacional y la necesidad de apoyos que tiene el gobierno central de los partidos nacionalistas e independentistas, pero la propuesta cosechó más desinterés que debate. La escasa proyección del PP entre electorado vasco, hacía imprescindible la sustitución de Carlos Iturgaiz por un perfil más autonomista.

La pérdida de cien mil votos en las elecciones locales y en las generales, con EH Bildu pisándo los talones al PNV, precipitaron el cambio de Urkullu, que, además, es una piedra en el camino que ha emprendido Ortuzar con su aproximación a Junts, para formar un eje conservador dentro de la coalición Frankenstein, dos partidos de la derecha nacionalista opuesto a los acuerdos económicos más lesivos para las empresas adoptados con Sumar y el independentismo de izquierdas. Pero Urkullu no se fía de Junts desde que Puigdemont, pese a su mediación, declaró la brevísima independencia catalana que propicio la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que demostró su eficacia. Aviso a navegantes.

Cualquier relevo generacional suele ser bienvenido y para los partidos tradicionales un riesgo asumible, porque el desconocimiento del candidato se suple por el suelo de hormigón del que disponen. Y ante la posibilidad de empate técnico entre el PNV y EH Bildu ahí está el PSE que tendrá que decidir de qué lado inclina la balanza entre los dos socios que mantienen la mayoría parlamentaria del Gobierno. Pese a las condiciones leoninas del último pacto con el PNV, el acuerdo entre nacionalistas y socialistas vascos ha funcionado de forma adecuada y ha pacificado el ambiente político en la Comunidad Autónoma Vasca.