El sector primario espera «soluciones, no declaraciones»

M.H. (SPC)
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En una COP28 cuestionada por el país anfitrión y la presión del lobby de los combustibles fósiles contra los que se quiere luchar, UPA reivindica la importancia de la agricultura familiar para alcanzar los objetivos contra el calentamiento global

El sector primario espera «soluciones, no declaraciones»

«Estamos acostumbrados a que al término de cada Cumbre del Clima a los dirigentes mundiales se les llene la boca de declaraciones grandilocuentes con compromisos y acuerdos posteriormente incumplidos (valga como uno de tantos ejemplos el fondo para las pérdidas y daños aprobado en la COP27 en Egipto en 2022, que ni siquiera se ha puesto en marcha) mientras que el tiempo de actuar se agota y estamos llegando a un punto muy peligroso de no retorno». Son declaraciones de la organización agraria UPA en referencia a la COP28, la Cumbre del Clima que se está celebrando entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre.

Esta cita está teniendo lugar en Dubái entre críticas por el nulo compromiso del país anfitrión y por la falta de responsabilidad de los Gobiernos y las grandes empresas con la emergencia climática. La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos alza su voz para exigir «soluciones y no declaraciones» que cuenten con la agricultura y la ganadería familiar. Todo ello envuelto en un contexto de sospecha, tanto por la actitud relajada del país anfitrión en derechos sociales y compromisos ambientales, como por el gran lobby de empresas multinacionales, especialmente relacionadas con los combustibles fósiles, que rodean a esta cumbre.

Para UPA se trata de una cita más en la que los líderes de los países más desarrollados practican un «lavado de imagen en una simulada apuesta para luchar contra los efectos del cambio climático, con las habituales fotografías de familia y declaraciones llenas de hipocresía y con muy escaso o nulo resultado». Mientras tanto, y año tras año, paralelamente a la celebración de estas cumbres, el clima va cambiando de manera vertiginosa y provocando unos efectos con gravísimos daños económicos y sociales cada vez de mayor magnitud, especialmente en la agricultura y más aún en las explotaciones familiares, lamenta la organización agraria.

El sector primario espera «soluciones, no declaraciones»El sector primario espera «soluciones, no declaraciones» - Foto: Óscar SolorzanoLos pequeños productores, que producen el 80% de los alimentos en el mundo, se ven afectados por todo tipo de fenómenos extremos y siguen pendientes de la configuración del futuro fondo de daños y pérdidas, acordado en la cumbre del año pasado y al que alude UPA. Lany Rebagay, que representa a 13 millones de agricultores familiares de la Asociación de Productores de Asia para el Desarrollo Rural Sostenible, señalaba en una reciente charla que los pequeños productores apenas reciben un 0,3% de la ayuda climática internacional para su adaptación al clima, cuando son un pilar imprescindible para que esta tarea sea fructífera en todo el planeta.

La responsable de Programas de esta organización considera que ellos «son pioneros en las prácticas sostenibles y resilientes necesarias para alimentar al mundo en un clima cambiante, pero están excluidos de la toma de decisiones», por lo que se necesitan alianzas sólidas con los gobiernos comprometidos a transformar el sistema alimentario. En la misma línea, la presidenta de la Federación de Agricultores de África del Este, Elizabeth Nsimadala, confía en que la cumbre sea el pistoletazo de salida a la transformación del sistema alimentario, ya que reconoce que los 439 millones de pequeños agricultores familiares del mundo son la clave para lograr los cambios necesarios.

Los veinte países del G20 (grupo de economías desarrolladas y emergentes, entre las que se incluye España) son responsables del 80% de las emisiones mundiales de gases efecto invernadero (GEI), unas emisiones que están provocando que cada año batamos récords en multitud de parámetros como temperaturas máximas, olas de calor, sequías, inundaciones… Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos y frecuentes y el sector agrario lo está sufriendo en todos los sectores y territorios con una virulencia nunca vista, y poniendo no solo en cuestión la rentabilidad, sino incluso la viabilidad de la actividad agrícola y ganadera en numerosos casos, lamentan en UPA.

2023 ya es el año más cálido en la Tierra desde que hay registros. El planeta ya es al menos 1,1 grados centígrados más cálido que hace 150 años, pero a partir del umbral de 1,5 grados la mayoría de los científicos estima que los desastres medioambientales, como las olas de calor extremas, las sequías o las inundaciones, se volverán mucho más intensas y comunes. Por eso, una gran parte de los compromisos adoptados por la comunidad internacional tienen el objetivo de reducir a 1,5 grados el calentamiento causado principalmente por la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, los planes de estos gobiernos e incluso sus propias proyecciones dibujan un futuro muy diferente.

Por ello, desde la agricultura y ganadería familiar, como sector muy vulnerable, y desde la justicia social, «reclamamos y exigimos soluciones frente a declaraciones, y demandamos una transformación real para enfrentar la emergencia climática, ya que no sólo está en juego nuestra agricultura, sino el futuro del planeta», demandan desde UPA.

Declaración.

De momento lo que ha salido de la COP28 es una declaración, de esas que UPA demanda que se conviertan en soluciones, para lo cual habrá que esperar. Un total de 134 países, entre ellos España, firmaron el segundo día de la cumbre la 'Declaración sobre agricultura sostenible, sistemas alimentarios resilientes y acción climática', un texto en el que los gobiernos se comprometen a incluir formalmente por primera vez la alimentación y la agricultura en los planes climáticos nacionales antes de la COP30 y a aumentar su financiación. Estos 134 estados representan el 70% de los alimentos, a casi 500 millones de agricultores y el 76% de las emisiones totales del sistema alimentario mundial.

Es imprescindible, aseguran desde UPA, promover planes de acción y medidas de mitigación y adaptación al cambio climático, y también un futuro sistema de certificación de las absorciones de carbono por parte del sector agrario, con un riguroso control público y con el objetivo de lograr una agricultura lo más descarbonizada posible. Pero, recuerdan, la labor que ejercen agricultores y ganaderos debe ir acompañada de incentivos para la adopción de prácticas de gestión en sus explotaciones, encaminadas tanto a reducir las emisiones de origen agrario (aproximadamente un 12% en su conjunto, y un 7% si se consideran solo las provenientes del sector ganadero), como a la ejecución de medidas que contribuyan a la adaptación y resiliencia a los efectos que acarrea y acarreará el cambio climático.

Las medidas planteadas por los Gobiernos, tanto a nivel nacional como europeo, para luchar contra el calentamiento global en el sector agrario deben ir encaminadas a instaurar prácticas «incentivadoras y no penalizantes», recuerda UPA, que contribuyan a ayudar al sector agrícola y ganadero a cumplir los objetivos establecidos por normativas como, por ejemplo, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética. La organización destaca que los agricultores y ganaderos están realizando un «enorme esfuerzo» para adaptarse a la nueva arquitectura ambiental de la PAC, que introduce instrumentos como los eco-regímenes, pero también las medidas agroambientales y de desarrollo rural, elementos que también persiguen fomentar una agricultura y ganadería sostenibles en nuestro medio rural, pero que implican grandes esfuerzos y costes para los productores del sector primario.

«El 40% de los fondos de la PAC están vinculados a objetivos climáticos y de sostenibilidad, pero para que esto sea una oportunidad, y no un problema, los agricultores y ganaderos deben recibir compensaciones justas y con criterios sociales, que tengan en cuenta la vulnerabilidad de determinadas zonas y sectores», aseguran los productores. «El campo debe ser escuchado, a través de sus legítimos representantes, las organizaciones profesionales agrarias», afirma UPA, que reclama una mayor participación real del sector agrario en la gobernanza de los diferentes instrumentos ante el cambio climático y el futuro desarrollo de planes y medidas que contemplan.

«La agricultura es una de las actividades más afectadas por el cambio climático y que más debe adaptarse a este fenómeno. Ante el cambio climático no podemos ser ni espectadores, ni víctimas, debemos ser protagonistas. El mundo debe apostar por la agricultura familiar como modelo más sostenible para luchar contra el cambio climático», concluye la organización.

 

Sequía: una emergencia que no tiene precedentes.

Los impactos «masivos» de sequías inducidas por el hombre apenas empiezan a manifestarse y las señales alertan de «una emergencia sin precedentes a escala planetaria», según datos recopilados por la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en un informe publicado en el marco de la COP28. «Pocos peligros se cobran más vidas, causan más pérdidas económicas y afectan a más sectores de la sociedad que la sequía», añade el documento 'Retrato global de la sequía'.

El informe recopila datos de los dos últimos años y se ha dado a conocer en un acto con la Alianza Internacional para la Resiliencia a la Sequía (IDRA), una coalición mundial lanzada por los líderes de España y Senegal en la anterior cumbre del clima como plataforma con más de 30 países y 20 instituciones para movilizar capital político, financiero y técnico frente a la sequía.

Algunos de los datos advierten de que en zonas como China el aumento de la intensidad que tendrán los efectos de las sequías se prevé del 80% para el año 2100. En zonas desarrolladas como Estados Unidos, el 5% de la superficie continental registraba, con datos de la primavera pasada, una sequía entre grave y extrema, mientras que a nivel global, las previsiones apuntan a que unos 170 millones de personas sufrirán sequías extremas si la temperatura mundial se sitúa 3 grados por encima de los niveles preindustriales, algo aún lejano pero no descabellado. «Las sequías causaron por sí solas el 65% de las pérdidas del sector agrícola durante este periodo, lo que se tradujo en 3,8 billones de dólares de pérdidas en la producción agrícola y ganadera en los últimos 30 años», subraya la FAO. Solo hay que fijarse en los datos de Agroseguro en España para la campaña agrícola que terminó en septiembre.