Javier del Castillo

Javier del Castillo


Hace 20 años

12/03/2024

Hay momentos en la vida que no se borran nunca de la memoria, como el de aquel jueves de hace veinte años. Con la radio encendida, camino de la emisora, bajando por el Paseo de la Castellana en dirección al número 22/24 de la calle José Ortega y Gasset – antes Lista -, escucho las primeras noticias, confusas pero impactantes: explosión de varias bombas en Atocha y Entrevías. Unos minutos después, me avisan del programa «Protagonistas», que la entrevista con Mariano Rajoy, prevista para las nueve de la mañana en los estudios de Onda Cero, ha sido suspendida. 
Como director de Comunicación de la cadena, me encargo de que se avise de ello a todos los compañeros, especialmente de agencias y televisiones, que se habían acreditado para cubrir la entrevista del candidato del PP. La distancia que me separa de la radio es muy corta, pero se hace interminable. Ruido de sirenas, caras serias y miradas incrédulas en los conductores que esperan a tu lado en el semáforo. 
La tragedia no había hecho más que empezar. En la radio, aquel 11 de marzo de 2004, todo el mundo quería ayudar, aportar información. Todo el mundo preguntaba en qué puedo ayudar, mientras escuchábamos en antena la voz rota y emocionada de una compañera de Informativos, residente en el barrio de Santa Eugenia, intentando contar desde la estación lo que estaba viendo.
Tres días antes de las elecciones generales, el mayor atentado terrorista de la historia de España, con 192 fallecidos y millares de heridos, rompía todos los pronósticos electorales. Y, lo que es más importante, ponía a prueba al gobierno de José María Aznar. La tragedia demostró la solidaridad y colaboración de los ciudadanos madrileños, y no madrileños. Todo el mundo se ofrecía para ayudar a las víctimas y familiares. 
Sin embargo, en medio del dolor y de la tragedia, el Gobierno y la oposición hacían cábalas sobre las consecuencias electorales de los atentados de Atocha. José María Aznar, en lugar de convocar a todos los líderes políticos para compartir la información disponible y evaluar la conveniencia o no de celebrar las elecciones en aquellas circunstancias, prefirió que sus más estrechos colaboradores llamaran a los directores de los medios de comunicación insistiendo en que la muerte en los trenes de cercanías la había provocado ETA. Si la autoría – pese a la reivindicación de Al Qaeda y el desmentido de Arnaldo Otegi – era de la banda terrorista, las elecciones las ganaría por amplia mayoría Mariano Rajoy. Si la masacre era obra del terrorismo yihadista, las previsiones más optimistas se irían al garete y Zapatero tendría claras opciones de ganar. 
Veinte años después del 11M, todavía recuerdo las llamadas del entonces portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana, al presidente de Onda Cero, insistiendo en que se adjudicara a ETA la autoría de los atentados, pese a las pruebas, cada vez más evidentes, de que habían sido cometidos por terroristas islámicos. Había que mantener, al menos, la duda hasta la noche electoral. 
«Los ciudadanos españoles se merecen un gobierno que no les mienta», dijo Alfredo Pérez Rubalcaba la víspera de las elecciones. 
Pues, bien, han pasado veinte años, y seguimos preguntándonos qué habremos hecho los ciudadanos españoles para que sigamos sin merecernos gobiernos – y presidentes - que no nos mientan. Veinte años sin conocer las razones por las que PSOE y PP siguen desde entonces enfrentados y sin entenderse.
En definitiva, veinte años de división. El peor homenaje que se les podía hacer a 192 ciudadanos, entre ellos decenas de paisanos, que perdieron la vida en aquellos trenes de la muerte.