Cincuenta años de la muerte de Federico Muelas

Redacción
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Cincuenta años de la muerte de Federico Muelas

Hace cincuenta años, en 1974, en el mes de noviembre, moría Federico Muelas, el gran Federico, o como lo denominaron Pedro de Lorenzo y Florencio Martínez Ruiz, Federico de Cuenca. Falleció en el Hospital Clínico de Madrid y todavía hoy seguimos recordando su figura y sobre todo una obra tan variada y llena de conquensismo auténtico. Imaginamos que a lo largo de este año habrá por parte de la ciudad y de las instituciones conquenses actos de todo tipo y recuerdo para la personalidad que más devoción mostró en su vida hacia Cuenca.

En su telar literario, Martínez Ruiz nos dejó con motivo de XXV aniversario de la desaparición de nuestro poeta un libro, que aún no ha visto la luz, titulado Federico Muelas, el bardo de Contrebia y que esperemos pueda renacer editorialmente, como profundo homenaje a Federico por parte de su más preciado conocedor y divulgador de su obra y de su vida.

La obra de Federico Muelas no cabe duda que desbordó lo local, trascendiendo con ello nuestra ciudad y toda su provincia a nivel nacional e internacional. Los que han estudiado minuciosamente y en profundidad su obra han calificado a Muelas como escritor de raza y de enorme sensibilidad, indicando que su obra lírica –algunas de cuyas piezas siguen inéditas–, libros de literatura infantil, guías y crónicas viajeras, dan testimonio de la altísima talla y maestría literaria de nuestro paisano.

Su poesía lo situó en un verdadero y continuo estado de gracia, situándose en altas posiciones en el ruedo poético de la España de su época. Apenas esto, su primer libro importante de poesía en el que recogía a su vez catorce libros inéditos de poemas de muchos años, le valieron el destacado premio Larragoiti de la Sociedad Cervantina. En esta antología recogió poemas sobre Cuenca, sus magistrales villancicos o poemas sobre la Semana Santa.

Más tarde destacó su poemario Rodando en tu silencio con el que fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de 1964, y que como es lógico lo consagró a nivel nacional como poeta. 

Martínez Ruiz ha comentado en infinidad de artículos y notas periodísticas el estilo y la profundidad de los poemas federicoanos: «Gongorino a veces, clasicista en ocasiones, alguna vez surrealista y neopopularista sin eclipse, el lirismo de Federico alcanza máximos planos de entidad, pues vivió y salió ileso de las experiencias poéticas de su tiempo: la quemazón de la poesía, con Salinas, Guillén, Alberti y Dámaso; el humanismo heridor de Miguel Hernández o la perfección moral aprendida de los 'garcilasistas', aunque con sangre dentro».

'Piedracelismo' conquense. Federico de Cuenca ha quedado para siempre en la poesía española por su original y profunda interpretación de Cuenca,  creando esa síntesis y simbiosis con nuestra ciudad y su entorno denominada Piedracelismo que con su conocido y siempre recordado Soneto a Cuenca situó con sus mejores sugerencias, metáforas e indicios mágicos, a Cuenca y a los conquenses ante sí mismos.

Muy acertados y conseguidos son sus poemas dedicados a la Semana Santa conquense, que a lo largo de varios de sus libros se repartieron y que hablaron del Cristo de los Espejos, San Juan de la Palma, etc. 

Pero Muelas además, paralelamente a su magistral lírica, fue un prosista de ley con obras como Sorpresa de España, donde hace una crónica viajera por la Piel de Toro, o libros de narrativa pura y direccionados hacia lectores jóvenes, como Bertolín, una, dos y tres y El niño que tenía un vidrio verde

'El Mito de Contrebia'. Sin duda, el legado más duradero que el genial conquense imaginó no es otro que el denominado Mito de Contrebia en el que Muelas crea un ciclo literario donde una Cuenca levítica y provinciana se desdobla en una ciudad y territorio más libre, donde la fantasía y el esoterismo apelan por una vía irracional y paralela a «los sueños incumplidos y a las esperanzas defraudadas».