Humberto del Horno

Lo fácil y lo difícil

Humberto del Horno


Estela infinita

01/03/2024

Es difíl explicar por qué el Periodismo es el oficio más bonito del mundo pese a ser la profesión más ingrata. Conceptos antagónicos que bailan un vals haciendo que la vocación sea inherente y obligatoria. Miro el calendario y veo asomar la mayoría de edad de mi carrera desde que pisé una redacción en 2006. En el camino, la vocación ha crecido gracias a los compañeros de viaje. Pero esa vocación es imposible sin referentes, y yo encontré el mío en Ricardo Ortega, paisano y colega caído en Haití dos años antes de mi estreno. Estas últimas semanas he tenido la suerte de conocer a Ricardo gracias al testimonio de quienes compartieron crónicas y espacio con él. Una persona brillante con agudo estilo propio; de raza, con instinto y olfato; con una visión amplia del mundo; una punta de lanza adelantada a su tiempo; inquieto y autoexigente; y que siempre quería estar donde estaba la historia. Impagables valores que no te da el carné de periodista, pero que Ricardo atesoraba pese a haber estudiado Físicas. No lo digo yo, lo dicen Corina Miranda, Pepe Ruiz, Enric González, Olga Viza, María Rey, Alfonso Bauluz, iconos de la profesión que se han prestado a compartir conmigo sus recuerdos junto al conquense.

Los de más de 30 le recordarán relatando el 11-S desde la ventana de su casa mientras Matías Prats se horrorizaba con el impacto del segundo avión. «La otra torre, Ricardo, ¡la otra torre!». Tres años después su Corresponsalía en Nueva York se agotó por molestar con su trabajo a quien no debía. Una injerencia política que acabó con su salida de Antena 3, para quien siguió prestando servicios como 'freelance'. Partió a Haití al poco tiempo del golpe de Estado contra Aristide, fiesta que no se perdieron los militares norteamericanos por esa manía suya de derrocar gobiernos legítimos. Lo hizo con una maleta llena de precariedad, cosas de no ser ya un asalariado. Nunca debió ir, pero, ¿cómo no iba a ir, él que había estado en Chechenia y en Kabul? Una bala se cruzó en su camino, y dos décadas después no hay versión oficial que se atreva a pintarla de barras y estrellas. El juez Eloy Velasco archivó la causa hace 14 años por «falta de pruebas», y el resto, es historia.

Parafraseo en este punto el 'en España enterramos muy bien' de Rubalcaba para desdecirle, y es que su Cuenca natal apenas le ha dedicado –sin placa– una de las calles más feas de su trastienda, sin olvidar la sala de exposiciones de la Facultad de Periodismo, que sí luce su nombre desde hace 10 años. Quizá usted, lector, esté descubriendo ahora que comparte seis letras del DNI con Ricardo.

El próximo jueves Europa Press publicará un amplio reportaje y una serie de entrevistas para aportar lo que pueda en la ambición de mantener la llama de su recuerdo. Y lo hará en abierto más allá de su servicio de pago. Cambio aquí el formato y esto deja de ser una columna para convertirse en una carta abierta a vosotros, compañeros de profesión y paisanos. Y os invito desde aquí a, si lo estimáis, haceros eco en vuestros medios.