Leo Cortijo

Leo Cortijo


Dicotómicamente vital

15/04/2024

Muy a menudo hablamos de esa Cuenca dicotómica que fragmenta su realidad en dos mitades, como las dos caras de una misma moneda: el Casco Antiguo y el centro urbano. La preservación, el cuidado y el mimo hacia el primero en nada ha tenido que ver con la situación que ha vivido el segundo. Es cierto que ahora el Ayuntamiento, con medidas eficientes, se afana en limpiar la imagen de la zona baja de la ciudad. Ese proceso de embellecimiento llevará años, tantos como años de descuido y olvido ha sufrido este enclave. Es una ley directamente proporcional. De la noche a la mañana no se puede pretender ver lo que debería haberse labrado en los últimos 20 o 30 años, que se dice pronto. Es la penitencia que nos tocará pagar, pero más vale actuar tarde que nunca. Así que bien hecho. 

La naturaleza dicotómica de la ciudad no la saco hoy a colación por esta razón en concreto, o al menos no de forma directa. Me refiero más bien a la dicotomía que se produce en esta Cuenca de mis amores, por un lado, entre el lunes y el jueves y, por otro, durante el fin de semana. Que Cuenca vive del turismo es una afirmación tan antigua como el hilo negro, la orilla del río o andar a pie. Pero es cierto que cada vez se nota más. Ésta es una industria que se está reforzando en la medida en la que la oferta se está diversificando. Cuenca ya no vive solo de patrimonio, cultura e historia, que también, sino que de un tiempo a esta parte ha sabido apostar en, por ejemplo, el turismo gastronómico o de aventura.

Las consecuencias, positivísimas, se traducen en esa Cuenca dual que vive y siente dependiendo del día de la semana en el que se esté. El viernes, a la hora de comer, más o menos, se empieza a notar un runrún especial. Las calles y las terrazas de bares y restaurantes se llenan de vida. Si el sol y la temperatura acompañan, Cuenca parece otra ciudad distinta. Y si además se organizan eventos como –pongo solo dos ejemplos de este mismo fin de semana– la Copa de España de Escalada, con 400 participantes, y el certamen nacional de tunas, con otros 300, ya ni te cuento... Por no hablar de otros encuentros deportivos, sociales, culturales y de otras índoles que también se celebran con asiduidad. Negar que Cuenca es una ciudad con vida es negar la evidencia. ¿Podría serlo más? Por supuesto, como en todo en la vida, lo bueno nunca es suficiente. Pero también hay que estar preparados para ello. Hay que trabajar para ello. Sobre todo para que también sea así, todavía más, de lunes a jueves.