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Miguel Romero

Miguel Romero


El Sagrado Corazón invita a la reflexión moral

02/02/2022

Luis Guzmán en Diario Crítico nos expresaba con sabio criterio que»la gran paradoja de la violencia, es su carácter injustificable. Toda violencia ejercida como medio para un fin está sujeta a una tarea imposible: su justificación. Ni siquiera esa que parece tener soluciones políticas. La violencia o la falta de respeto como medio nunca es necesario ni justificable».
¿Cómo deberíamos reaccionar ante una violencia o falta de respeto social que se manifiesta sin fines ni razones y que intenta justificarse de alguna manera? El vandalismo se define como un acto de destrucción de propiedad pública o privada, o de dañar esos espacios de decoro, de personalismo e identidad de creencias, tradiciones o valores sociales que deben de ser respetados por libertad y democracia. El acto llamado "vandálico" se sustrae al espacio lógico de razones, donde jugamos a pedir y dar razones, por ello no se considera racional, de eso no hay la menor duda.
Por eso, lo sucedido en el Monumento al Sagrado Corazón en el Cerro del Socorro, en Cuenca, no tienen justificación alguna porque no hay razones para su comprensión. Podrás ser creyente o no de una religión determinada, en este caso, la católica; podrás ser devoto o ateo de conceptos religiosos, de una u otra religión; podrás ser amante de un tipo de arte o de otro; pero jamás deberás atentar contra la sociedad democrática que se ajusta a las libertades morales, individuales y selectivas porque ahí lo que demuestras es irracionalidad, falta de ética, ausencia de dignidad y carencia de valores universales, y eso te convierte en despreciable.
En este cerro del Socorro se decide levantar una ermita. Parece ser que la primera referencia que se tiene de esta ermita es de los dibujos que realizara Antón Van Wyngaerde en el año de 1565, encargados por el Rey Felipe II, en estos dibujos aparece la palabra ermita coronando el Cerro del Socorro. La primera noticia escrita que se tiene de esta ermita es en el Episcopado de D. Gómez Zapata Osorio (1582-1587), que según D. Mateo López dice que este prelado donó a los frailes agustinos de Cuenca la ermita del Socorro, que había fundado D. Gerónimo de Cabanillas en el año 1567.
Donde hubo ermita, una primera ya citada y otra segunda destruida en la guerra civil de 1936, se decide levantar un monumento al Sagrado Corazón, costeado por la vecindad, inaugurándose el 14 de julio de 1957. Es un monumento aceptado cuyas proporciones, una vez terminado, son de 30 metros de altura, 20 de pedestal en piedra de canteras locales y 10 metros en estatua de piedra de Torrubia del Campo. Se remató con una aureola en forma de cruz de hierro galvanizado. Es una obra social de un sentimiento determinado, monumental por su tamaño y significativa de un tiempo, de un momento y de una ilusión, que debe de ser debidamente respetada porque estamos en una sociedad democrática donde el respeto es la premisa principal.