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Miguel Romero

Miguel Romero


Me gusta la alfarería

24/11/2021

Como suelo hacer, voy a la Real Academia de la Historia y profundizo un poco en el contexto del concepto que quiero exponer y sobre todo, reflexionar.
Alfarería, término que procede del árabe alfaharería y que es el arte de elaborar objetos de barro o arcilla. Sin duda, uno de los oficios más antiguos de la Humanidad, necesario para inventar y generar todos sus artilugios domésticos como base del sedentarismo o creación de las sociedades organizadas.
Eso que en nuestra España, sobre todo, aquella rural de principios del XX, recibía el nombre de Cacharrería, palabra ruda y evocadora, pero significativa de nuestros artesanos barreros como sentido etnográfico, y que ahora, en estos tiempos de modernidad, ha pasado a convertirse en un artículo decorativo, buscado y apreciado, propio incluso de coleccionistas, que no deja de lado el valor arqueológico que en su momento tuviese.
Tal vez, el alfarero, el ceramista, el azulejero o el ladrillero artesano, con esmalte y sin esmalte, siempre con horno para cocer ese buen barro, no se diese cuenta del valor que su trabajo tenía, no solo para una sociedad necesitada de su uso, sino para una sociedad hambrienta de un nuevo concepto del arte, de una sofisticación que bien supieron esmaltar los griegos y que ahora, gracias al raspado como técnica -bien ideada por el gran Pedro Mercedes- todos lo que saben apreciar su creatividad como ofrecimiento de prueba, han sabido aplicar en su más alto contenido.
Vaya pues mi homenaje a estos alfareros conquenses. Los Navarro, los Hernansanz, los Moya y los Castillo, todos en la ciudad de Cuenca; sin olvidar, los Parra de Priego, los López de Mota del Cuervo junto a las buenas cantareras cuya herencia a recogido Claudia Moreno. Y seguro, que me dejo unos cuantos más para otros textos.
Me gusta cuando me acerco al Terminillo, subo la rampa y me encuentro a Rubén Navarro, heredero del gran Adrián y charlo con él. Su nuevo concepto del barro o esa cerámica artística de la que ha sabido sacar el color más vanguardista bien aplicado. Maravillosa concepción de un nuevo Arte en el Barro, modernista y de alta riqueza en el color. Al lado, Antonio Hernansanz sigue en su lucha constante para rescatar las formas clásicas que aplicasen los grandes maestros, buscando y encontrando ese raspado simbólico sin descartar su innovación: el blanco, el rojo, el negro metálico, el naranja y el ocre. Todo en un todo. Simbolismo y buena práctica en arte de solemnidad. ¡Qué buen sitio ese del Terminillo!, cerca del Cerro de la Horca, a caballo entre el Júcar y los caminos del cielo, allí, el barro y el artesano se hacen luz, color y maravilla creativa porque Rubén y Antonio saben aplicar su experiencia y buen hacer. Otro día, buscaré a Luis Castillo porque también tiene lo suyo.