OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Respeto

30/06/2020

No comprendo a los fanáticos, a esos que se aferran a unas siglas, símbolo o líder y, haga lo que haga éste o machaque a quien machaque, erre que erre siguen, como un borrico en torno a una noria, horadando el suelo que pisan. Conozco a personas con una solvencia intelectual acreditada, valores bien enraizados en sus vidas e integridad envidiable, que deben estar pasándolo realmente mal al ver cómo, divisas que un día defendieron con desvelos y sudores, hoy son vilmente traicionadas de forma incluso cainita. De ellos, muchos callan en público, evitan conversar sobre estos asuntos y buscan recovecos a los que agarrarse deseando que no sea cierto lo que ven sus ojos. Que unos advenedizos indocumentados, prepotentes e ineptos, estén tirando a la basura, por ambición desmesurada, el esfuerzo de muchos y de décadas, además con modos y formas chulescas, les debe estar corroyendo las entrañas. Ayer me crucé con el barón de un partido político, bien es cierto que de otros tiempos, al que durante años traté y con el que charlé en múltiples ocasiones. Si en aquellos tiempos él ya era crítico con su partido por vilezas y modales que en él empezaban a aflorar tímidamente, me acongoja pensar qué estará sintiendo ahora que aquellos lodos son un barrizal hediondo. Hacía tiempo que no lo veía. Me apetecía saludarlo pero intuí que sería imposible no aludir, aun remotamente, al cenagal actual. Por el respeto que me merece, por no ponerlo en la tesitura de tener que manifestarse sobre los despropósitos que hoy sufrimos sabiendo que en sus entrañas no pueden cohabitar pacíficamente su sentido de la ética y las barrabasada que algunos correligionarios suyos cometen, giré mi vista hacia un lado y, buscando otro referente, le mostré una vez más algo que él y sus acciones políticas personales, aún no suscribiéndolas jamás, siempre me inspiraron: respeto.